Nuevas resoluciones del ENRE buscan reducir el impacto ambiental del sistema eléctrico argentino mediante incentivos al ahorro en grandes consumos y mejoras en la infraestructura que transporta energía renovable desde la Patagonia. Las medidas combinan gestión de la demanda y fortalecimiento de red en un contexto de transición energética.
Las medidas fueron oficializadas el 18 de febrero a través de las Resoluciones 75/2026 y 73/2026 del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), y apuntan a intervenir sobre dos puntos sensibles del sistema: la gestión de la demanda en los grandes centros urbanos y el mantenimiento de infraestructura clave para la integración de energías renovables.
En el área metropolitana, la Resolución 75/2026 habilita a las distribuidoras Edenor y Edesur a implementar un esquema de compensaciones económicas destinado a grandes usuarios que reduzcan voluntariamente su consumo en momentos de alta exigencia del sistema.
El mecanismo está orientado principalmente a industrias y grandes establecimientos productivos, que podrán disminuir su demanda en horarios críticos a cambio de incentivos financieros. Desde el punto de vista técnico, la iniciativa busca descomprimir la red y reducir el riesgo de cortes por sobrecarga. En términos ambientales, la lógica es igualmente relevante: al moderar el consumo en picos de demanda, se evita activar generación adicional basada en combustibles fósiles, generalmente más costosa y con mayor nivel de emisiones.
La segunda medida se concentra en el sur del país. La Resolución 73/2026 garantiza recursos para tareas de mantenimiento en instalaciones operadas por TRANSPA S.A., responsable del transporte de energía en la Patagonia. Los trabajos se focalizan en transformadores y estaciones estratégicas vinculadas a nodos como Puerto Madryn y Loma Blanca, fundamentales para integrar al sistema interconectado la electricidad generada por parques eólicos de la región.
La Patagonia concentra algunos de los desarrollos eólicos más significativos del país. Sin embargo, la transición energética no depende únicamente de la capacidad de generación, sino también de la robustez de la red de transporte. Sin mantenimiento e inversiones en infraestructura, la energía renovable producida no puede circular de manera eficiente hacia los principales centros de consumo.
La articulación entre gestión de demanda y fortalecimiento de red muestra un enfoque integral del sistema eléctrico. No se trata solo de incorporar fuentes limpias, sino de optimizar el uso de la energía disponible y garantizar que la infraestructura acompañe ese proceso.
En un escenario atravesado por olas de calor, aumento del consumo estacional y mayores exigencias ambientales, la regulación adquiere un papel estratégico. La eficiencia energética se consolida así como una herramienta concreta de política pública, capaz de contribuir tanto a la estabilidad del servicio como a la reducción de la huella ambiental del sector eléctrico.
Para el ámbito académico y los espacios dedicados al desarrollo sostenible, estas decisiones abren interrogantes y oportunidades de análisis sobre cómo diseñar sistemas energéticos más resilientes, equitativos y compatibles con los compromisos climáticos de largo plazo.
Fuente: Editorial RN / El Pregón Energético]
Foto: Juan José García