Antropoceno, Capitaloceno, Plantacionoceno, Urbanoceno, Wasteoceno y Eremoceno son conceptos que proponen distintas formas de interpretar las transformaciones ambientales y sociales de nuestro tiempo. Conocer estas perspectivas permite ampliar la mirada sobre la crisis socioambiental y cuestionar explicaciones que la presentan como un fenómeno único y homogéneo.

Hablar de sostenibilidad suele llevarnos rápidamente a conceptos como reciclaje, consumo responsable, reducción de residuos o disminución de la huella de carbono. Todas estas acciones son relevantes, pero resultan insuficientes si se pierde de vista la complejidad de los procesos que están detrás de la actual crisis socioambiental.

El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la transformación de los territorios y las desigualdades sociales no responden a una única causa ni afectan de la misma manera a todas las personas, comunidades y regiones. En este contexto, distintas disciplinas y corrientes de pensamiento han desarrollado conceptos que buscan ampliar la forma en que comprendemos la relación entre las sociedades y el ambiente.

Uno de los más conocidos es el Antropoceno, pero no es el único. Capitaloceno, Plantacionoceno, Urbanoceno, Wasteoceno y Eremoceno proponen poner el foco en diferentes dimensiones de la transformación ambiental.

No se trata de una sucesión de nuevas eras geológicas, sino de diferentes conceptos y marcos interpretativos que permiten formular otras preguntas sobre la crisis que atraviesa al planeta.

Antropoceno: el impacto humano sobre el planeta

El concepto de Antropoceno pone el foco en la capacidad de las actividades humanas para transformar los sistemas naturales a escala planetaria.

El término se utiliza para describir procesos como el cambio climático, la transformación del uso del suelo, la deforestación, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, entre otros fenómenos asociados con la actividad humana.

Esta perspectiva permite reconocer la magnitud de las transformaciones producidas por las sociedades. Sin embargo, también plantea una pregunta central: ¿es correcto hablar de “la humanidad” como si todas las personas y sociedades hubieran tenido el mismo papel en la crisis ambiental?

Las responsabilidades, los niveles de consumo y la exposición a los impactos ambientales no están distribuidos de manera uniforme. Esta cuestión abrió la puerta a otras interpretaciones que buscan poner el foco en factores económicos, históricos, territoriales y sociales.

Capitaloceno: una mirada sobre el sistema económico

El Capitaloceno propone desplazar el foco desde la humanidad en general hacia las relaciones económicas y sociales vinculadas con el capitalismo.

Esta perspectiva sostiene que la crisis ambiental no puede explicarse solamente por la existencia de una especie humana capaz de transformar el planeta. También es necesario analizar determinados modelos históricos de producción, acumulación y explotación de la naturaleza.

Desde este enfoque, la responsabilidad ambiental es asimétrica. No tienen el mismo impacto sobre los ecosistemas los distintos grupos sociales, países o actores económicos.

La perspectiva también cuestiona una mirada de la sostenibilidad centrada exclusivamente en las decisiones individuales. Reducir residuos, reciclar o modificar hábitos de consumo son acciones importantes, pero no alcanzan por sí solas para explicar o transformar las estructuras productivas que intervienen en la crisis ambiental.

Plantacionoceno: naturaleza, producción y territorio

El concepto de Plantacionoceno pone la mirada sobre el sistema de plantaciones y sus consecuencias ecológicas, sociales e históricas.

La plantación no es entendida solamente como una forma de producción agrícola, sino como un modelo basado en la simplificación de los ecosistemas, el monocultivo y determinadas relaciones de poder sobre la tierra y el trabajo.

Esta perspectiva permite incorporar a la discusión ambiental procesos históricos vinculados con el colonialismo, el extractivismo agrícola y la transformación de territorios para responder a determinadas demandas económicas.

La pérdida de diversidad biológica y la homogeneización de los ecosistemas aparecen así relacionadas con modelos de producción que convierten a la naturaleza en un recurso destinado a determinados fines económicos.

Urbanoceno: el peso de las ciudades

El Urbanoceno propone observar el papel de la urbanización y de las grandes infraestructuras en la transformación del planeta.

Las ciudades concentran población, actividades económicas, consumo de energía y recursos. Al mismo tiempo, generan residuos, emisiones y demandas que exceden ampliamente sus límites territoriales.

Pensar desde esta perspectiva permite observar el denominado metabolismo urbano: los flujos de agua, alimentos, energía, materiales y residuos que conectan a las ciudades con otros territorios.

La sostenibilidad urbana, por lo tanto, no depende únicamente de lo que sucede dentro de las ciudades. También implica preguntarse de dónde provienen los recursos que utilizan, qué territorios sostienen su funcionamiento y dónde terminan sus residuos e impactos.

Wasteoceno: cuando el residuo también es una cuestión social

El Wasteoceno, concepto desarrollado por el historiador ambiental italiano Marco Armiero, amplía la mirada sobre los residuos.

La cuestión no se limita a la cantidad de basura que producimos, sino que también involucra las relaciones sociales y territoriales que determinan quiénes generan los residuos, quiénes los gestionan y qué comunidades quedan expuestas a sus consecuencias.

Desde esta perspectiva, los residuos y la contaminación también pueden analizarse como una cuestión de justicia ambiental.

Los impactos no se distribuyen de manera uniforme. Determinados territorios pueden concentrar actividades contaminantes o recibir residuos generados en otros lugares, afectando especialmente a comunidades con menores posibilidades de protección o respuesta.

Así, la pregunta deja de ser únicamente cómo producir menos residuos para incorporar otras: ¿quién los produce?, ¿quién asume sus costos?, ¿dónde terminan? y ¿quiénes quedan expuestos a sus consecuencias?

Eremoceno: la pérdida de biodiversidad

El Eremoceno, concepto propuesto por el biólogo y conservacionista Edward O. Wilson, pone el foco en la pérdida de biodiversidad.

El término refiere a una posible “era de la soledad”, caracterizada por la disminución acelerada de especies y por el progresivo empobrecimiento biológico del planeta.

La preocupación no se limita a la desaparición de determinadas especies. La biodiversidad forma parte de redes ecológicas fundamentales y de los sistemas de los que dependen las sociedades humanas.

Desde esta perspectiva, la crisis ambiental no puede comprenderse únicamente a partir del cambio climático. También es necesario considerar la transformación de hábitats, la pérdida de especies y la alteración de los ecosistemas.

Distintas miradas para una crisis compleja

Cada uno de estos conceptos permite iluminar una dimensión diferente de la crisis socioambiental.

El Antropoceno pone el foco en la magnitud de la transformación humana del planeta. El Capitaloceno incorpora las relaciones económicas y de poder. El Plantacionoceno permite observar la historia de los sistemas de plantación, el monocultivo y determinadas formas de apropiación de la naturaleza. El Urbanoceno centra la atención en la expansión de las ciudades y las infraestructuras. El Wasteoceno incorpora la dimensión social y territorial de los residuos. El Eremoceno, por su parte, advierte sobre la pérdida de biodiversidad y el riesgo de un planeta cada vez más empobrecido biológicamente.

Más que elegir una única explicación, estas perspectivas permiten reconocer que la crisis socioambiental tiene múltiples dimensiones y escalas.

Es climática, pero también ecológica. Es económica, pero también territorial. Involucra a las ciudades, los sistemas productivos, los residuos, los ecosistemas y las relaciones sociales.

Ampliar la mirada sobre la sostenibilidad

Pensar la sostenibilidad desde estas perspectivas implica ir más allá de una lista de comportamientos individuales.

Reciclar, reducir residuos, ahorrar energía o modificar hábitos de consumo son prácticas necesarias. Pero una mirada integral también requiere preguntarse por las condiciones que hacen posibles determinados modelos de producción y consumo, por la distribución de sus beneficios y costos y por las desigualdades que atraviesan los impactos ambientales.

En este sentido, los debates en torno al Antropoceno y a los conceptos que surgieron como alternativas, críticas o complementos ofrecen herramientas para enriquecer la educación y la comunicación sobre sostenibilidad.

No se trata solamente de incorporar nuevos términos. Se trata de utilizarlos para formular mejores preguntas y comprender que los problemas ambientales no existen aislados de las dimensiones económicas, sociales, políticas e históricas.

Porque también nombrar un problema es una forma de interpretarlo. Y ampliar las perspectivas desde las que lo observamos puede contribuir a construir respuestas más integrales, contextualizadas y sostenibles.